miércoles 21 de diciembre de 2011

Lo bueno, enemigo de lo mejor.

Frase típica que solemos utilizar muchas veces para indicar que, a pesar de que el resultado no va a ser del todo lo que queríamos, más vale empezar a hacer que esperar a unas condiciones idóneas que no se sabe si se darán.

De esta forma se procura hacer un buen trabajo, un buen proyecto o conseguir parcialmente un objetivo ya que la alternativa es esperar para hacer un trabajo o proyecto excelente o conseguir plenamente un objetivo imposible. En cierto modo no es sino una interpretación del tan manido “más vale pájaro en mano…”

En Recursos Humanos y, especialmente, en Consultoría suele ser una norma muy frecuente a la hora de abordar proyectos. Aún recuerdo, casi con nostalgia, un proyecto de hace más de una década. Se trataba de asesorar a un Comité de Dirección de la implantación de modelos de gestión de Recursos Humanos más modernos y actualizados que los que tenían en aquel momento. En muchas ocasiones, cuando planteábamos un cambio significativo en algún proceso el propio cliente lo rechazaba con el argumento de que “eso es como pasar de ‘pepito’ a ‘Don José’”. Y con el argumento del Pepito a Don José solo llegaron a ser consideradas viables menos de la mitad de las propuestas originales.

Entre lo mejor, el “Don José”, y la situación actual, el “pepito”, existen suficientes grados intermedios de mejora significativa que son pasos que se pueden dar ya que no suponen una ruptura con lo anterior o una aspiración a tal perfección que hasta que no se den todas las condiciones no se puede empezar. Hasta ahí, bien.

La otra cara de la moneda es la utilización de la expresión para justificar cualquier chapuza, bien ideada pero mal aplicada, que se da en nuestro país. Con la excusa de que lo mejor es enemigo de lo bueno, cualquier sandez que se haga en el ámbito de los recursos humanos está no solamente justificada sino exenta de toda crítica. Y debemos reconocer que los directivos y consultores de Recursos Humanos, en ocasiones, tendemos al victimismo de la impotencia y nos conformamos con hacer un pequeño gesto inútil, ineficaz y que socava nuestra imagen.

En coaching ontológico se suele hacer una distinción entre la búsqueda de la perfección y la búsqueda de la excelencia. La primera sigue, en cierto modo, el paradigma de “lo mejor” y genera dos tipos de actuación: si no es lo mejor ni siquiera lo intentamos o, alternativamente, lo que hemos hecho no vale para nada porque no es perfecto. Es un magnífico paradigma para instalarse y residir en la impotencia o en la frustración. Es el paradigma de la justificación.

La segunda, sigue, en cierto modo el paradigma de lo bueno pero con un matiz de exigencia muy importante. La búsqueda de la excelencia consiste en vivir una satisfacción plena por lo que has hecho o conseguido (independientemente de si es mejor o bueno o simplemente mediocre) y marcarte la meta de hacerlo mejor la próxima vez. Nunca te sientes frustrado porque valora positivamente lo conseguido. Nunca te acomodas porque la exigencia de mejora es continua.

Esa exigencia está muy alejada de la conformidad con cualquier chapuza porque no se podía conseguir lo mejor. Implica que lo conseguido es, por definición, insuficiente para la próxima ocasión.

Pepito, estando contento con su nombre, puede proponerse que le llamen Pepe y cuando lo haya conseguido sentirse orgulloso y proponerse que le llamen José… queda un largo camino hasta el Excelentísimo, Ilustrísimo y Augusto Señor Don José pero que paso a paso, podrá recorrerse.

1 comentarios:

David Balaguer dijo...

Para redondear el dicho popular, se debería decir:LO PRIMERO ES ENEMIGO DE LO MEJOR… y …LO MEJOR ES ENEMIGO DE LO BUENO.
Sobre elecciones, decisiones y acción: http://quienmotivaalmotivador.blogspot.com/2009/08/elecciones-decisiones-y-accion.html
Un saludo.